Hace un rato tuve de nuevo esa sensación de que todo puede cambiar en unos segundos... Esta vez por una llamada de mi mamá para decirme que mi tío se encuentra internado en terapia intensiva.
Da miedo saber cómo puede cambiar todo tan rápido; y aunque diariamente trate de hacer todo lo posible por hacer solo cosas que me hagan bien y dar lo mejor de mí para con todos...tengo mis momentos.
Tenemos que disfrutar más de las pequeñas cosas de la vida y no olvidarnos de que cada minuto, cada día más que vivimos y estamos bien, no deja de ser un regalo y una bendición del Barba.
Disfrutar del poder despertarse a la mañana con el sonido de la alarma, porque significa que escuchamos; abrir los ojos y darnos cuenta de que podemos ver, de que el sol nos molesta en la cara; disfrutar de poder darnos una ducha con agua tibia, tener ropa para vestirnos, podemos elegir qué desayunar...Poder salir afuera y respirar bocanadas de aire, sentir el viento en la cara mientras viajás en colectivo yendo a un lugar donde te esperan, sea el trabajo, la facultad o el colegio; poder caminar y poder correr cuando te levantaste tarde...Poder sentir el cansancio al llegar a tu casa, ese que significa que hiciste algo de tu día. Tener a tu familia o mascotas que te esperan, tener dos brazos para poder abrazarlos, tener voz para decirles que los amás. Poder sentir hambre, que significa que tenés salud, poder comer. Disfrutar de las charlas con tus viejos, tus amigos, tus hermanos...poder aprender todos los días y ampliar tus puntos de vista escuchando sus opiniones. Irte a dormir y poder recordar lo lindo que pasó en el día o imaginar lo que te gustaría que pasara. Dormirte deseando que al día siguiente vuelvas a escuchar esa alarma...que significa que Dios te regaló otro día. Otro día que tenés para disfrutar y maravillarte por la vida misma.
Gracias por este día. Espero poder decir lo mismo mañana.
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