miércoles, 4 de noviembre de 2015

Efecto colateral

Hace días que vengo reflexionando sobre lo siguiente: debemos ser las mejores personas que podamos, porque nunca sabemos el efecto que nuestras acciones pueden tener en los demás.

Se preguntarán cómo llegué a estar pensando en todo esto... La respuesta está en que alguien me ayudó sin darse cuenta y lo mismo hice yo por alguien más.

Hace unos meses conocí a una persona que me hizo retomar la confianza en mí misma en ciertos aspectos, que me hizo sentir muy bien. Esa persona sin darse cuenta, simplemente siendo ella misma, me ayudó en una gran parte de un proceso de sanación y reencuentro conmigo misma por el que pasé, y sigo pasando, todo este año. Se preguntarán qué hizo de extraordinario; y la respuesta es nada...o será todo? Puedo decir que hizo cosas completamente comunes, no supo nunca por el momento que yo estaba pasando ni yo terminaba de dimensionar el efecto que podía tener en mí. GRACIAS.
El mismo mes también tuve una charla con la tía de mi mejor amiga...me dijo que no tenía que negociar quién era por nadie. Que "Maru"no se negociaba, entre otras cosas. Me habló de cumplir deseos, de formas de tomarse la vida... Nunca voy a saber por qué ella sintió que me tenía que decir esas cosas, de la nada, tan repentina charla... Tan profunda, tan precisa y necesaria. Pero fue el segundo golpe que tuve en la misma semana. Me ayudó a terminar de valorarme. De ponerme primero. De buscar personas que me hagan bien y de que sean solo esas las que se queden en mi vida. No darle el poder a nadie de hacerme sentir sometida, dominada, pequeña, indefensa... Valgo mucho; y quien no lo pueda ver o atente contra mi autoestima, no me sirve tenerlo a mi alrededor. GRACIAS.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de ser yo la que ayudó a alguien sin darse cuenta... Me pone a pensar cuántas veces más esto habrá pasado, lo que voy a contar es la vez que la persona me lo hizo saber. Fui a una clase de ICSE en la facultad y estaba esperando a que llegara la profesora cuando un compañero se acercó a mí y me dijo "Gracias. Me sirvió mucho hablar con vos el otro día... Sabés que ahora me cambié, estoy en Farmacia. Voy a hacer lo que me gusta." Me alegré mucho por él, pero yo no podía ni recordar qué era lo que le había dicho... Recuerdo haber hablado del tema y sé que por experiencia propia esas son cosas que yo aconsejaría... Pero me sorprendió la diferencia: una charla que para mí fue tan cotidiana y del momento a tal punto que no puedo recordar qué dije, cuáles fueron mis palabras, para él fue tan importante que lo ayudó a decidir qué quería hacer con su vida, su carrera.Tal vez era lo que él necesitaba escuchar. Me hizo sentir muy bien y le dije que me alegraba mucho por él. Pasó a decirme "Uno en la vida tiene que hacer lo que le gusta... Sabés lo duro que iba ser cursar tantas materias de algo que no me gustaba?" -se había cambiado de medicina a ingeniería en informática solo por la salida laboral y porque las prácticas en el hospital son hasta los 40 años, él tiene 36. Ahora, como dije, está en farmacia-. Le dije que por experiencia sabía lo duro que era y que me ponía muy contenta de escucharlo tan bien; si lo hubiesen visto, sabrían lo sonriente que me contaba todo esto, lo seguro que se lo notaba de su decisión. Terminó diciéndome "Sí, la verdad que me ayudaste un montón. Lo cual es muy loco porque vos sos mucho más joven que yo." -tengo 21- "Gracias".
Vino la profesora y tuvimos la clase como siempre...pero nada me quitó la felicidad de lo que me dijo...y me quedé pensando en todas estas cosas.

Y así como cuento todo esto, que son buenas experiencias, estoy segura que pasa con las cosas malas que decimos, muchas veces sin pensar. Cuántas veces en el día decimos cualquier barbaridad o criticamos a los demás sin saber de qué estamos hablando? Nunca podemos saber por qué situación está pasando la otra persona, cómo es su vida, cómo está su familia. Recomiendo que si no tenemos nada lindo para decir, no digamos nada. Un simple comentario para nosotros puede hacer que el otro se sienta dolido o mal por días. A una escala mucho menor: cuántas veces algún hombre sin pensar nos dice alguna crítica sobre lo que tenemos puesto -ejemplo: mi ex me dijo que un body que yo amaba y con el que me sentía re linda parecía un pijama- y no podemos dejar la crítica a un lado tan fácilmente, toda la seguridad que sentíamos usando esa prenda, lo lindas que nos sentíamos, se va en un segundo para pasar a sentir inseguridad y que todo el mundo debe estar pensando lo mismo que él... Claro que seguí usando el body, y a mí me sigue encantando... y creo que la actitud está en uno y no en lo que tenés puesto... Pero cada vez que me lo pongo, recuerdo su comentario. Si esto me pasó a mí con un comentario sobre una prenda, imagínense con cosas más graves. De nuevo, nunca sabemos cómo puede impactar lo que decimos en el otro. Aún hoy recuerdo comentarios crueles de mis compañeros en el colegio sobre mi peso, simples crueldades que dicen los niños sin darse cuenta, sin tan mala intención como lo haría una persona adulta, pero que aún así quedan en tu memoria, porque te lastimaron... Un simple insulto en la calle a un extraño porque cruzó mal puede lastimar.

El mensaje: cuidemos nuestras palabras, es mejor hablar poco y significativo para bien que mucho y decir pavadas o maldades sin contemplar sus efectos. Tratemos de regalar al mundo la mejor versión que podamos de nosotros mismos todos los días. Seamos alegres, transmitamos alegría y energía positiva. Cuidemos nuestras acciones. Procuremos hacer el bien. Nunca sabés el efecto que una acción o una palabra puede estar teniendo en los demás...y qué mejor que asegurarse de que si llega a tener algún efecto sea uno bueno?


Seguiré filosofando y compartiendo mis reflexiones con ustedes, queridos lectores imaginarios.

XXO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario